
Maestría y talento relucen en segunda presentación de la Orquesta SinfónicaLa Paz, 26 de Marzo de 2009 La solvencia interpretativa de la pianista Grace Rodríguez conjuntamente la maestría y talento del director invitado Mariusz Smolij, brilló anoche durante la nueva presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) correspondiente a la temporada 2009. ![]() En la primera parte de la presentación, el elenco estable de la orquesta se destacó por la musicalización realizada de la obra de Dmitri Shostakovich, Obertura Festiva Op. 96, lo que le valió el reconocimiento del público presente en el Centro, donde casi colmó sus instalaciones. Luego a este tema le prosiguió la interpretación de la obra Concierto para Piano y Orquesta Nº 1 en Mi Menor Op. 11, compuesto por Frederick Chopin, tema en el que la pianista demostró toda su clase interpretativa, en una perfecta coordinación con la Sinfónica que tuvo esta vez como director invitado al maestro Grace Rodríguez Radic. La partitura de esta pieza otorga una sencillez al acompañamiento instrumental, bajo la premisa de lograr un íntimo ambiente de calidad que rara vez se escucha en otras obras y brindándole gran libertad rítmica a la solista para explorar toda la gama expresiva del piano. El primer movimiento en forma de sonata posee una naturaleza romántica, el cual se escucha en su tratamiento y la forma sensible de su melodía. El concierto se abre con un largo tutti orquestal, posteriormente entra el piano con fuerza en el tema de apertura. La melodía fluye hasta llegar a una recapitulación completa del movimiento, la cual termina con una muestra final del tema inicial. El segundo movimiento, el más pianística de los tres, permite a la solista tejer una melodía rítmicamente libre por encima de un escaso acompañamiento. Cerca del final del movimiento, hay una interrupción quejumbrosa del solista, con un retorno rápido a la tranquila naturaleza del inicio. El tema principal del final es presentado por el piano después de una breve introducción orquestal, se basa en la Krakowiak, una danza folklórica polaca que retorna en diferentes variedades pero siempre en ritmo animado. En la segunda parte de la presentación, los dirigidos por Smolij interpretaron dos temas musicales, comenzando por la Marcha Eslava Op. 31 y la Obertura Fantasía “Romeo y Julieta” según Shakespeare compuesto por Piotr Ilich Tchaikovsky. La marcha eslava describe en la primera sección la opresión de los serbios por los turcos, utilizando dos canciones serbias populares: La primera “Ven a mi querida, ¿por qué tan triste esta mañana?” que se interpreta desde el principio a la velocidad de una marcha fúnebre; la segunda canción popular es más optimista en su carácter. En el episodio siguiente, el dominio musical de la orquesta permite crear un tremendo clímax, en el punto en el cual la primera canción popular vuelve, las trompetas tocan fortísimo como un grito de auxilio. El tempestuoso ánimo se amaina dando paso a la segunda sección en atmósfera relativamente más importante. Esto se basa en una simple melodía con el carácter rústico de una danza que desfila alrededor de la orquesta hasta que finalmente da paso a una declaración solemne del himno nacional ruso “Dios salve al zar”. La tercera sección de la pieza es una repetición del furioso clímax orquestal, reiterando el grito de ayuda serbio. La última sección utiliza un tono ruso, esta vez en una clave de un tono más importante. La obertura se completa con una virtuosa coda de la orquesta completa. La totalidad de los asistentes que se dieron cita en el Centro Sinfónico Nacional, al término del concierto elogiaron la presentación de los músicos. Fuente: El Diario |