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Programa VI

Orquesta Sinfónica Nacional

Mtro. David Händel, director titular

Programa VI
Édouard Lalo (1823-1892) Sinfonía Española Op. 21 para Violín y Orquesta
  I. Allegro non troppo
  II. Scherzando: Allegro molto
  III. Intermezzo: Allegro non troppo
  IV. Andante
  V. Rondo
  Orlando Ayllón Mallo, Violín
Intermedio
Cesar Franck: (1822 – 1890) Sinfonía en Re menor
  I. Lento - allegro non troppo - lento allegro non troppo - lento - allegro
  II. Allegretto
III. Allegro non troppo

Mtro. David Händel, Director Titular

Director Titular

Notas de Programa VI

Édouard Lalo (1823-1892)

Sinfonía española para violín y orquesta Op. 21

Hacia comienzos de la década de 1870, Lalo compuso su Concierto para violín (op. 20) y un año después su “Sinfonía Española”, que habría de convertirse en una pieza celebérrima del repertorio concertante de los grandes violinistas.
Como el Concierto para violín, también la “Sinfonía Española” está dedicada a Pablo de Sarasate, quien la estrenó en París en 1875, ante un público que la acogió con el más fervoroso aplauso.

En rigor, la obra no es ni un concierto ni una sinfonía – aun cuando parezca evocar la forma de la “sinfonía concertante” – sino una especie de suite o de rapsodia articulada muy libremente en cinco movimientos, en los que la orquesta no se limita en ningún caso a ser un simple sostén del solista. No son pocas las analogías que cabría encontrar entre la “Sinfonía Española” y una obra como “Haroldo en Italia” de Berlioz, donde una viola “principal” tiene a su cargo la voz cantante.

El empleo recurrente, a través de toda la composición, de ritmos característicos de la música española y, en particular, el de la habanera, justifican su título. El iberismo de que hace gala puede resultar algo ingenuo y simplemente pintoresco, pero al margen de la autenticidad de las fuentes de Lalo (que existieron realmente y tuvieron por mediador al propio Sarasate), no se debe olvidar que en esa época el recurso al exotismo de España, no sólo en la música – cómo no recordar aquí la “Lola de Valencia” de Manet – era algo nuevo y audaz. Apenas un mes más tarde que la “Sinfonía Española”, Bizet estrenaba su ópera “Carmen”.

La obra de Lalo inaugura en la música francesa de finales del siglo XIX una serie de obras que hallarán en España una suerte de levadura más o menos “imaginaria”.

César Franck: (1822 – 1890)

Sinfonía en Re menor

La Sinfonía en Re menor de César Franck fue iniciada en 1886 y terminada el 22 de agosto de 1888. Lleva una dedicatoria al discípulo de Franck, el compositor Henri Duparc. Fue estrenada el 17 de febrero de 1889, en el Conservatorio de París, bajo la batuta de Jules Garcin.

Para poder apreciar por qué la Sinfonía en Re menor de Franck fue un fracaso el día de su estreno, es necesario comprender el clima musical que reinaba en París en la década que se inició en 1880.

Existían fundamentalmente tres facciones. El público, en general, estaba interesado casi exclusivamente en la ópera, a menudo del tipo más trivial. Los progresistas, que incluían a Franck y sus discípulos, estaban entusiasmados por la nueva música radical de Wagner y de Liszt. El Conservatorio de París, en el que Franck era profesor, representaba el establishment musical. A través de su enseñanza y de su control sobre todo lo que se ejecutaba en el Conservatorio, los demás compositores del cuerpo docente intentaban mantener la tradición sinfónica de Beethoven y de Haydn. Como no enseñaba composición sino órgano, Franck era considerado un intruso. Los profesores de composición no podían simpatizar con su interés por las armonías wagnerianas, a pesar del furor que por aquellos días causaba en París la música de Wagner, especialmente entre los compositores más jóvenes.

La Sinfonía en Re menor de Franck (que no es realmente su única sinfonía: cincuenta años antes había compuesto una importante sinfonía en Sol mayor, que se presentó en 1841) está ligada a ambas tradiciones: su forma sinfónica es propia de Beethoven, en tanto que su lenguaje armónico es propio de Wagner.

Contrariamente a lo que pensaban sus colegas del Conservatorio, Franck consideraba que la obra se ajustaba mucho a la tradición sinfónica, a pesar de su osadía armónica. Aunque admitió que la obra era "muy atrevida", escribió la siguiente explicación acerca de su espíritu tradicional:

La obra es una sinfonía clásica. Al final del primer movimiento hay una recapitulación, a continuación siguen un andante y un scherzo. Fue mi gran ambición construirlos de un modo tal que cada tiempo del movimiento andante fuera exactamente igual en longitud a un compás del scherzo, con la intención de que, tras el desarrollo completo de cada sección, uno pudiera superponerse al otro. Logré resolver ese problema. Al final, igual que en la Novena Sinfonía de Beethoven, recuerda todos los temas, pero en mi obra ellos no hacen su aparición como meras citas. He adoptado otro plan y he hecho que cada uno de ellos interprete una parte enteramente nueva de la música.

El motivo principal, que está destinado a impregnar la sinfonía, abre el primer movimiento. Es muy interesante que este motivo sea prácticamente la misma figura que la que abre otras dos obras, que representan las dos tradiciones que Franck pretendía fundir: el poema sinfónico Les Préludes de Liszt y el final del Cuarteto para Cuerdas en Fa mayor, Opus 135 de Beethoven, de estilo haydniano. Cuando la lenta introducción de Franck da paso a un allegro, oímos esta figura acelerada y sin embargo sin modificar. La versión lenta se escucha tres veces más, dos en imitación: en la recapitulación y al final del movimiento.

El segundo movimiento comienza con una melodía que se convierte en el acompañamiento del tema lírico del corno inglés. La descripción que hace Franck de los dos humores de este movimiento es exacta. El scherzo de la sección media se desarrolla a una velocidad exactamente tres veces mayor que la de la primera parte lenta, de modo que no es necesario anotar ninguna modificación de tiempo o de métrica. Así que Franck pudo combinar las ideas lenta y rápida simultáneamente hacia el final del movimiento.

El final tiene sus dos melodías principales propias, pero también trata extensamente el tema lírico del movimiento central y, finalmente, los dos temas del primer movimiento. Franck toma su inspiración tanto de Beethoven como de Wagner. Beethoven a menudo unificó obras de varios movimientos haciendo que los temas de los movimientos primeros fueran recordados en los últimos. El sistema de Wagner de leitmotiv proporcionó un medio por el cual una red de motivos distintos pudieran impregnar y unificar una gran composición completa. La contribución de Franck, que es más notable en el último movimiento de la Sinfonía en Re menor, fue aplicar la técnica operística de Wagner a la estructura sinfónica de Beethoven y por lo tanto ampliar los métodos de Beethoven de la derivación temática.

Aunque sus contemporáneos pueden haber deplorado la intrusión de las técnicas y armonías de Wagner en la consagrada tradición sinfónica de Beethoven, las ideas de Franck tienen tanto integridad como poder. Así que la sinfonía ha sobrevivido mucho más tiempo que las insignificantes polémicas con las que se enfrentó en el momento de su estreno.

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